«…A la vez que saben «hablar» de diferentes maneras sobre el espacio, las publicaciones de artista, cuando forman parte de una muestra, habitan el espacio expositivo e interactúan con él, a menudo problematizándolo de forma evidente. ¿Puede exponerse un libro abierto en una vitrina, fuera del alcance de los visitantes que son, además, sus potenciales lectores? ¿Tiene sentido proteger tras un cristal —asignándole algo así como un aura— una octavilla impresa en un número ilimitado de copias con la finalidad de transmitir un mensaje eminentemente político, por mucho que haya sido concebida por un artista? ¿Es consecuente rescatar de la reserva de una biblioteca y exponer en las salas un periódico, publicación efímera por excelencia que caduca tan solo un día después de haber sido impresa? Al plantear estas y otras cuestiones, a menudo las publicaciones de artista se insubordinan contra las convenciones del espacio expositivo, lo someten a tensión, entablan juegos de significado con sus códigos o lo expanden hasta extremos improbables. Y así, invariablemente, atraen la atención hacia dicho espacio, que se ve desenmascarado y se vuelve visible, de tal modo que el sofisticado mecanismo sobre el que se sustenta la exposición queda, en parte, al descubierto: expuesto a la mirada de los visitantes…»
Un espacio tomado quizás por fantasmas
●Textos — 2022